POR LA MEMORIA, LA VERDAD Y LA JUSTICIA


"La memoria no es sólo una fuente de la historia, sino que es fundamentalmente un indispensable impulso moral y, además, es un deber y una necesidad ética y política de la sociedad."

Néstor Kirchner, Presidente de la República Argentina


16 DE JUNIO 1955 y 9 DE JUNIO DE 1956 :
GÉNESIS DEL TERRORISMO DE ESTADO EN ARGENTINA
La masacre provocada por los bombardeos del 16 de junio de 1955 en la Plaza de Mayo y los fusilamientos del 9 de Junio de 1956 son el acta fundacional del terrorismo de estado en nuestro país y la violencia contra el pueblo argentino en la última mitad del siglo XX.


LOS BOMBARDEOS DEL 16 DE JUNIO DE 1955
A mediodía, aviones Gloster Meteor de la armada bombardean y ametrallan la sede del gobierno y la Plaza de Mayo. Una de las primeras bombas estalla en el techo de la Casa Rosada. Otra, pega en un trolebús lleno de pasajeros y mueren todos.
Los aviadores subversivos lanzan nueve toneladas y media de explosivos.
Hay 350 muertos y 2 mil heridos. Setenta y nueve personas quedan lisiadas en forma permanente. Los agresores huyen hacia Uruguay, donde solicitan asilo político.
Al día siguiente, el diario Clarín -que no se caracteriza por sus simpatías peronistas- escribe: 'Las palabras no alcanzan a traducir en su exacta medida el dolor y la indignación que ha provocado en el ánimo del pueblo la criminal agresión perpetrada por los aviadores sediciosos que ayer bombardearon y ametrallaron la ciudad'.

Fue la segunda vez en toda la historia argentina que la ciudad de Buenos Aires era bombardeada. La primera ocurrió a principios del siglo diecinueve, durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807. En esta ocasión, a mediados del siglo veinte, no existía un estado de guerra, quienes atacaron por sorpresa vestían uniformes militares argentinos y las víctimas fueron civiles desarmados, trabajadores y estudiantes.
El 16 de junio de 1955, en la ciudad de Buenos Aires se consumó una feroz y planificada masacre contra la población civil e indefensa.
Sin embargo a pesar de tremendo acto criminal, un tejido de silencio cómplice, hace que los nombres de aquellas víctimas aún no salieron completamente del olvido. Una cerrada trama de los intereses que impulsaron a los ejecutores de la barbarie, fue armada férreamente para mantener el ocultamiento y un silencio que desdibujaran en la memoria de nuestro pueblo, los hechos y los responsables.

Se trató de un levantamiento de unos cien oficiales de la Marina, sofocado ese mismo día, que tuvo apoyo de Comandos Civiles armados, dirigidos por el radical Miguel Angel Zavala Ortiz, luego miembro destacado de la Junta Consultiva de la llamada 'Revolución Libertadora' y mas tarde, canciller del gobierno de Arturo Illía.
También se habían sumado oficiales aeronáuticos de la base de Morón y algunos de Ezeiza.

El plan tenía el objetivo principal de asesinar al presidente Juan Domingo Perón y a partir de allí infantes de marina se apoderarían de la Casa de Gobierno para ordenar un gobierno de 'facto'.
El ministro de Marina, Aníbal Olivieri, se había internado el día 15 en el policlínico del arma. Lo hizo para disimular su complicidad con los golpistas. Por eso, recién al comenzar los ataques y saber del copamiento de la sede ministerial, abandonó el hospital. Lo acompañaron sus tres asistentes: Eduardo Massera, Horacio Mayorga y Oscar Montes. Los tres reaparecerán el primera línea de la dictadura de 1976.

A las 12:40 de aquel día lleno de bruma, el capitán de fragata Néstor Noriega inicia el bombardeo al mando de un avión Beechcraft y le sigue el capitán de corbeta Santiago Sabarots. Cada uno lanzó una bomba de 50 kilos.
La cuadrilla, integrada por cuarenta aviones, había salido de la base aeronaval de Punta Indio y durante tres horas, cubrió de muerte la histórica plaza. En medio de las corridas envueltas por el pánico, los disparos sin descanso de las ametralladoras dejaron huellas que aún hoy se ven, por ejemplo, en el frente del edificio del ministerio de Economía que da a la avenida Leandro Alem.
En la Casa de Gobierno impactaron 29 bombas, seis sin estallar: Allí hubo 12 muertos y 55 heridos, entre civiles y miltares.
Tras la caida de unas 100 bombas de entre 50 y 100 kilogramos la masacre quedó consumada: 350 personas muertas y otras mil, heridas. La inmensa mayoría, trabajadores que caminaban o viajaban en transporte automotor.
Un trolebús repleto, frente a la plaza Colón, detrás de la Casa de Gobierno, fue perforado por una bomba: sólo allí hubo 65 muertos, muchos despedazados. Otro transporte recibe un bombazo en avenida Las Heras y Pueyrredón, en cercanías de la antigua residencia presidencial, donde disparos dieron en varios frentes de vivienda y produjeron muertos y heridos. El predio era el conocido "Palacio Unzué" , es el mismos sobre el que se levanta la biblioteca Nacional en el barrio Norte.
En otro sitio, en el conurbano bonaerense, una columna de soldados del Regimiento de Infantería de La Tablada, también fue bombardeada desde aviones rebeldes. Tres fueron los muertos y seis los heridos.
Los alrededores de la sede de la Confederación General del Trabajo (CGT), en Azopardo e Independencia, son también ametrallados, cuando comenzaban a reunirse los trabajadores que se movilizaban para defender al gobierno constitucional.
A las seis menos cuarto de la tarde. Fracasado la toma del gobierno, pero consumada la masacre, los criminales sublevados huyen. El comandante de la fuerza, vicealmirante Benjamín Gargiulo se suicidó con un tiro en la sien.
Los restantes sublevados, incluido Zavala Ortiz, el jefe de los comandos civiles, habían huido al Uruguay en treinta y seis aviones.


LOS FUSILAMIENTOS DEL 9 DE JUNIO DE 1956
Hombres indefensos, sin acusación, sin juicio y sin condena, fueron fusilados por el dictadura militar del General Aramburu en los basurales de León Suárez en forma clandestina. 27 militares fueron fusilados en distintas bases militares.
A las 23 horas del día 9 de junio de 1956, la policía de la Provincia de Buenos Aires allana una casa en la localidad de Florida y detiene a un grupo de civiles que suponen implicados en la rebelión militar del general Juan José Valle contra el gobierno de facto del general Pedro Eugenio Aramburu.
En la madrugada del día siguiente, aproximadamente seis horas después, esas personas son fusiladas en un basural de José León Suárez.
Sus nombres: Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Carlos Alberto Lizaso, Mario Brión y Vicente Damían Rodríguez. Otros han vivido para contarlo: Horacio Di Chiano, Miguel Angel Giunta, Rogelio Díaz, Norberto Gavino, JulioTroxler y Reinaldo Benavídez.
De los que sobreviven, quizá el relato más estremecedor es el que protagoniza Di Chiano. Luego de fusilamiento ha quedado ileso. Tirado boca abajo en el piso, comprende que están rematando a los caídos y que ahora le toca a él. "No los ve pero sabe que le apuntan a la nuca. Esperan un movimiento. Tal vez ni eso. Tal vez le tiren lo mismo. El tiro de gracia nunca llegará .Había nacido denuevo.
A Livraga le perforan la cara de un balazo, lo tiran herido en la comisaría de San Martín y luego lo pasan a la cárcel de Olmos, donde estará dos meses junto a Giunta, que, previamente, había sido sometido a tortura. Mucho más tiempoestará Díaz en la misma prisión.
Gavino, Benavídez y Troxler (desaparecido durante la última dictadura militar) se exiliarán en Bolivia.
A partir del 16 de Septiembre de 1955 día en que triunfa el golpe contra el gobierno constitucional del Gral. Perón comienza otra sangrienta noche dictatorial de opresión al pueblo. Ya en los primeros meses de la dictadura había sido anulada la Constitución de 1949, que daba rango constitucional a los derechos económico-sociales y había miles de presos políticos. El cadáver de Evita había sido secuestrado de la sede de la CGT. Por ley no se podía nombrar a Evita ni a Perón ni al peronismo. Se anularon numerosas conquistas sociales logradas en los gobiernos peronistas y se persiguieron militantes sindicales y políticos.

Muchos militares peronistas fueron encerrados en el vapor-prisión Washington, anclado a varios kilómetros aguas adentro del Puerto de Buenos Aires. Allí estaban castigados y aislados los generales Valle y Tanco, entre otros oficiales. Allí comenzaron a conspirar para diseñar un movimiento que exigía el cese de la persecución al peronismo; la restitución de la Constitución de 1949 y la libertad a los miles de presos políticos.
Esa fue la génesis del movimiento que comenzaron a gestar con fuerza en el verano de 1956. Los jefes indiscutidos del movimiento eran los generales Valle y Tanco y oficiales como los coroneles Cogorno, Alcibíades Cortínez, Ricardo Ibazeta y el capitán Jorge Costales, entre otros. El gobierno criminal del General Aramburu estaba al tanto de los planes para recuperar el estado de derecho, pero no lo impidieron, por el contrario, como dice el General Valle en su carta al dictador Aramburu, fueron alentados para así ejecutar su criminal plan de escarmiento y limpieza de opositores: "Declaro que un grupo de marinos y militares, movidos por ustedes mismos, son los responsables de lo acaecido. Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente.
Desde la noche del 9 de junio se suceden los fusilamientos. El 12 de junio se entrega el general Valle, a cambio de que cese la matanza. Lo fusilan esa misma noche.
Suman 27 ejecuciones en menos de 72 horas en seis lugares.

Se trata en suma de un vasto asesinato, arbitrario e ilegal, cuyos responsables máximos son los firmantes de los decretos que pretendieron convalidarlos: generales Aramburu y Ossorio Arana, almirantes Rojas y Hartung, brigadier Krause.
Los fusilamientos fueron en la Unidad Regional de Lanús, en el Regimiento 7 de La Plata y en el Bosque, en Campo de Mayo, en el Regimiento 2 de Palermo y, el general Valle, en el Penal de Las Heras: General de división Juan José Valle; Coroneles Ricardo Santiago Ibazeta, Alcibiades Eduardo Cortínez y José Albino Irigoyen; Teniente coronel Oscar Lorenzo Cogorno; Capitanes Eloy Luis Caro, Dardo Néstor Cano y Jorge Miguel Costales; Tenientes 1 Jorge Leopoldo Noriega y Néstor Marcelo Videla; Subteniente Alberto Juan Abadie; Suboficiales principales Miguel Ángel Paolini y Ernesto Gareca; Sargentos ayudantes Isauro Costa y Luis Pugnetti; Sargentos Hugo Eladio Quiroga y Luis Bagnetti; Cabos Miguel José Rodríguez y Luciano Isaías Rojas; ciudadanos Clemente Braulio Ross, Norberto Ross, Osvaldo Alberto Albedro, Dante Hipólito Lugo, Aldo Emir Jofre, Miguel Ángel Mauriño, Rolando Zanetta, Ramón Raúl Videla y Carlos Irigoyen.


Carta del General Valle a Aramburu antes de ser fusilado

Buenos Aires, 12 de junio de 1956.

Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado. Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontecimientos. Declaro que un grupo de marinos y militares, movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido. Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta. Así se explica que nos esperaran en los cuarteles, apuntándonos con las ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes aun antes de estallar el movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra revolución. Con fusilarme a mi bastaba. Pero no, han querido ustedes escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez mas su odio al pueblo. De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de asesinatos.
Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija a través de sus lágrimas verán en mi un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen o les besan será para disimular el terror que les causan. Aunque vivan cien años sus víctimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos, bajo el terror constante de ser asesinados. Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará jamás tantas ejecuciones.
La palabra "monstruos" brota incontenida de cada argentino a cada paso que da.
Conservo toda mi serenidad ante la muerte. Nuestro fracaso material es un gran triunfo moral. Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado. Dirán de nuestro movimiento que era totalitario o comunista y que programábamos matanzas en masa. Mienten. Nuestra proclama radial comenzó por exigir respeto a las Instituciones y templos y personas. En las guarniciones tomadas no sacrificamos un solo hombre de ustedes. Y hubiéramos procedido con todo rigor contra quien atentara contra la vida de Rojas, de Bengoa, de quien fuera. Porque no tenemos alma de verdugos, sólo buscábamos la justicia y la libertad del 95 por ciento de los argentinos, amordazados, sin prensa, sin partido político, sin garantías constitucionales, sin derecho obrero, sin nada. No defendemos la causa de ningún hombre ni de ningún partido.

Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto, y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria. Nosotros defendemos al pueblo, al que ustedes le están imponiendo el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad de la mayoría, y un liberalismo rancio y laico en contra de las tradiciones de nuestro país. Todo el mundo sabe que la crueldad en los castigos la dicta el odio, sólo el odio de clases o el miedo. Como tienen ustedes los días contados, para librarse del propio terror, siembran terror. Pero inútilmente. Por este método solo han logrado hacerse aborrecer aquí y en el extranjero. Pero no taparán con mentiras la dramática realidad argentina por más que tengan toda la prensa del país alineada al servicio de ustedes.
Como cristiano me presento ante Dios que murió ajusticiado, perdonando a mis asesinos, y como argentino derramo mi sangre por la causa del pueblo humilde, por la justicia y la libertad de todos no sólo de minorías privilegiadas. Espero que el pueblo conocerá un día esta carta y la proclama revolucionaria en las que quedan nuestros ideales en forma intergiversable. Así como nadie podrá ser embaucado por el cúmulo de mentiras contradictorias y ridículas con que el gobierno trata de cohonestar esta ola de matanzas y lavarse las manos sucias en sangre. Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos. Viva la Patria.

Juan José Valle
Buenos Aires, 12 de junio de 1956.




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